Como nos vamos perdiendo con los años. Perdemos la esencia. El ser niños. Reírse y jugar.
Yo me alegro de ser niña eterna, pequeña y juguetona. Y soñadora.
Sigue sin preocuparme que piensa de mí la gente cuando corro por la ciudad o me río a todo volumen.
Sigo pensando en que cuando te gusta alguien le tienes que dar un beso, y salir corriendo, a ver si viene a por ti.
Y taparte los ojos a ver si adivinas quién soy.
Y abrazo como si se me fuera a escapar de entre las manos, y me encariño muy rápido porque no pienso en las consecuencias.
Consecuencias. Qué palabra más horrible.
Borraría esa palabra. La de cosas que llegamos a perdernos. La de miedos que nos da.
Tengo miedo a la oscuridad, sonrío como una niña y sigo siendo ingenua. No me espero cosas malas de la gente y se me rompe el corazón a la primera.
Porque cuando eramos pequeños sentíamos todo más. Más intensamente. Y cualquier final era el fin del mundo. Y al rato ya reíamos.
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