Un día te das cuenta de que te has pasado todos los días de tu vida preguntándote que hacías mal, porqué alguien que se supone que te debe querer no te quiere, ni está contigo. Ni te llama, ni te responde los e-mails.
Alguien que te promete siempre la luna, y luego desaparece.
Alguien que no te ha remplazado porque nunca estuviste allí.
Alguien a quien le pides ayuda, cuando la necesitas de verdad, confiando en que esta vez no te va a fallar pero aún así, te vuelve a dejar sola.
Y allí estás tú, que acabas de salir del hospital y confías, confías porque o te aferras a eso o te quedas allí para siempre.
Pasan los días, los meses, y sigues, esperando. Algo que sabías desde el principio que no iba a llegar, porque piensas que no eres suficiente.
Suficientemente lista, suficientemente guapa, delgada, callada, alegre, seria, divertida..
No lees mucho, o lees demasiado, no hablas o no te callas, no sales o sales mucho.
Todo parece mal.
Pero igual no eres tú.
No.
No eres tú.
Y definitivamente, ese alguien se pierde lo mejor de ti. Se pierde tus pasteles, tus risas, tus caídas de culo, tus palabras dulces, tu apoyo incondicional, tus ganas de ir a la playa, o al cine, tus ganas de volar, tus sueños, tu futuro.
Y ojalá alguien me hubiese dicho esto a mí.
Y ojalá alguien le diga a esa persona que yo ya no estoy allí para cuando se acuerde de mí.