miércoles, 21 de mayo de 2014

Que los finales sin fin son eternos.

Hay cosas que nunca deberíamos hacer, pero que sin embargo hacemos.
Como suplicar amor.
Pedirle a alguien que no te quiere que te quiera.
Y esperar en su puerta, al marcharte, 5 minutos más por si sale a buscarte, porque hay un 1% de probabilidades de que salga. Pero tu sueñas.
Te crees los ''para siempre'', los ''siempre juntos'' y los ''eres mi persona''.
Pero no.
Nadie se queda a tu lado nunca. Nadie permanece.
Y tú, tú das tu todo, esperando que sea suficiente, pero no lo es.
Y te quedas tirada, sola y sin absolutamente nada.
Te vuelves a reconstruir, o lo intentas,  y cuando piensas que vas a volver a estar bien, la jodes, y vuelves a darlo todo.
Y vuelves a pedirle que te quiera, igual con menos sueños entre las manos y con el corazón más hecho pedazos.
Y más cicatrices, y tantas veces que ha salido mal, que ya, directamente, no sueñas.
"Dime a quién vas a besar hasta que te entienda", o ''quién te va a abrazar cuando te deshielas".
Que no tendrás más motivos para quedarte, porque ya nadie te va a pedir que lo hagas.
Y ojalá nos besáramos por última vez. Que los finales sin fin son eternos.
Siempre tú.
Que te has cansado.