sábado, 11 de enero de 2014

Soñar con no soñar.

Era una kamikaze con intención de vivir mucho y muy rápido. Irónico.
Tenía las mismas ganas de subirse a un tren sin saber el destino que de tirarse a las vías justo antes de que llegara. Y que locura.
Soñar con no soñar, o algo así.
Tentada por la idea de una muerte cercana aunque no con motivos aparentes para desearla. Era como su pequeño secreto, una obsesión que se colaba furtiva en sus pensamientos y que la colapsaban.

''La muerte'', analizaba. Que idea más bonita. Pensemos, todo lleno de flores, de personas que te quieren de verdad, sentimientos auténticos, nada de fingir. Todo el mundo bien vestido de negro, elegantes, incluso después una fiesta. ¿Por qué no? Se debería celebrar.
Luego hay que añadir en la ecuación al susodicho, al muerto en cuestión. Frío, inmóvil. No necesita decir ni hacer nada para ser el centro de atención. El foco de todas las miradas.
¿Y si todos nos limitáramos a ir bien elegantes, a no decir nada y a no movernos? Claro, como sería lo común nadie se fijaría, pero sería reconfortante.

Volviendo al tema del tren. Siempre que lo esperas debes elegir y tienes 3 opciones: subirte, tirarte o irte de la estación. Quedarse viendo pasar trenes sería absurdo.
Si te subes, se sobreentiende que aceptas un reto, una mal llamada aventura.
Si te tiras, acabas con todo.
Pero si te vas, sigues, exactamente, en el mismo punto en el que lo dejaste.
Por norma debes ir alternando las opciones, y mientras escoges estás de pie en la estación.
¿Tú? ¿Subes, te tiras, huyes o esperas?

2 comentarios: