Cuando uno escribe debe hacerlo por placer, de manera única, especial. Debe liberarse.
Es por eso que creo fielmente que, aunque usemos a otros escritores de modelo o inspiración, no hay que dejarse llevar hasta el punto de ser un burda imitación, ya que eso limitaría nuestra expresividad, limitaría nuestro potencial, que se vería ofuscado y nuestro arte saldría perjudicado.
Yo, por ejemplo, abuso de la utilización de las comas, y de las ''Y'', que uso también para empezar. Escribo sobre mi misma y sobre amor y rabia, los temas más latentes en mi vida diaria. Uso un lenguaje soez y a veces poco elaborado. Soy inconexa y digo lo que me da la gana, como me da la gana. Sigo a Bukowski, me gusta hablar de sexo, putas y drogas. Me gusta plasmar lo que leo según mi visión y creo que ese es el problema de muchos otros, que leen y plasman sin pasarlo por su filtro, sin ser subjetivos. Simplemente vomitan aquello que leen, como si no fueran capaces de interpretarlo, juzgarlo y adaptarlo a su manera de ver el mundo. Y con mundo hablo de literatura, claro.
¿Podemos ser realmente buenos cuando no somos auténticos?
Como esos artistas que plagian cuadros, las copias son fantásticas, apenas de nota la diferencia si es que se llega a notar, pero la importancia de la obra y el esfuerzo recaerán en aquel que lo creó, independientemente de su habilidad o calidad. Si ese mal llamado artista hubiese dedicado su tiempo a crear en vez de intentar hacer algo que ya estaba hecho tal vez, y sólo tal vez, hubiese superado con creces aquello que intentaba imitar.
Es esa la razón que me motiva a proclamar la libertad de creación, de ser innovadores, de no dejarnos llevar por aquello que está establecido como bueno. Salirnos de los margenes e inventar. Inventarnos. Descubrir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario