Ciérrame los ojos.
Quémame la yema de los dedos.
Átame, puede que intente escapar.
Susurrame al oído cosas guarras, que la poesía hace tiempo que me rompió el corazón.
Tírame del pelo.
Muerdeme la boca.
Muerdeme todas las palabras que nunca pude decir.
Recórreme el cuello a besos, a ver si pierdo la conciencia.
Lame todas las cicatrices, a ver si curan.
Pégame, hasta que no pueda más.
Luego abrázame fuerte.
Ven, vete, vuelve.
Vete, no te vayas.
Fóllame, pero ni el corazón ni la mente.
A esos destrozalos.
Águantame.
No me soportes.
Cógeme del cuello cuando no te quiera besar.
Hazme fuerte.
Llévame al límite.
Destrozame más de lo que me he destrozado yo.
Mátame y luego llora.
Destrozanos.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Destrozanos.
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Vaya... Que definición más carnal del amor y el placer, mezclando ambas con el dolor e intensificándolo todo. Hace tiempo que no leo algo así, algo como el dolor, que normalmente suele separar a una pareja, expresado de forma que una estos versos y una relación tan mágicamente. El dolor, algo que separa, haciendo que una, irónico y precioso.
ResponderEliminarMuchas gracias por el comentario. Sinceramente opino que no hay mayor unión que la de dos personas que sufren y se hacen sufrir, esas relaciones de amor-odio, el te quiero (matar), aunque tal vez suene atípico.
EliminarBesos de gata.