Era demasiado guapa para su bien, algo vulgar y muy pequeña.
Miraba como miran los hombres antes de matar.
Y así era ella, primero disparaba y después preguntaba.
Bailaba como si la meciera el viento.
Tenía los ojos de gata y la boca muy puta.
Se emborrachaba con whisky barato y besos robados.
Era de las que te dejaba la llave de su dormitorio en el bolsillo de los tejanos sin que te dieras cuenta.
De las que le coges la mano y cuando te la suelta te hierve su ausencia.
De las que siempre se van.
Y siempre andaba echando de menos a alguien, incluso a ella misma.
Se dormía en tu vientre y al despertarte sólo te quedaba un beso suyo en el pecho y las locuras que te hizo hacer.
Hacía que todas las mañanas se volvían frías sin sus besos de buenos días.
Era de las que te exprimía la vida cuando te hacía el amor.
Dejaba pasar la vida, sin suerte y con pocas ganas.
Siempre tenía la mirada perdida, pero tampoco sabía a donde iba.
Se limitaba a existir.
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