sábado, 4 de enero de 2014

Esa puta llamada literatura.

De repente rabia. Rabia. Ira. Montones de ideas y ninguna buena. Se chocan, se destruyen y en la mente empiezan a estallar, supernovas de palabras.
Lees a otros. Lees mierdas mil veces mejores que las tuyas. Mejor redactadas, mejor sentidas, mejor pensadas. Y tú, sólo vomitas, sin parar, un surtidor de cosas que no controlas.
Escribes ¿qué es lo que importa? ¿el método? ¿el contenido? ¿el público?
No, definitivamente, el público no. El público no debería existir, desde que existe no se escribe por voluntad, no se escribe por necesidad, se escribe exclusivamente para gustar a alguien. ¿Para qué?

Aquí estoy yo, escribiendo furiosa, furiosa con los escritores, furiosa con los lectores, furiosa con aquellos que convirtieron una necesidad en un negocio vacío, limitando la escritura. LIMITANDO A LOS AUTORES. Obligándonos a ser conexos y decir aquello que a alguien le va a gustar en vez de escribir aquello que no sale de la punta de la polla. Porqué sí, todos tenemos una polla muy gorda que nos dice, follate al jodido mundo. Y lo haces.

Conexiones de palabras que simplemente no pueden encajar. Hablemos de sexo, hablemos de sexo salvaje como si fuera literatura.
El autor es representado por el hombre, simple, la literatura, por la mujer, debido a la complejidad, la belleza.
Hablemos del cuerpo de una mujer, sensual, insinuante, provocador. Incita a la violación, a follársela por cada calle de la ciudad, forzándola, con un cuchillo en el cuello, obligándola a correrse, marcándole todo el cuerpo con cortes, golpes.
Una mujer con los labios carnosos, rojos, llenos de sangre, mujer con sabor a sangre, piernas largas, kilométricas, de esas que se recorren con la lengua suavecito. Una mujer con una de esas miradas de follame fuerte pero hazme el amor con cariño. De lengua venenosa, uñas limadas, cigarro colgando, escote insinuante y unas tetas vulgares, soeces. Por no hablar de su coño, visitado varias veces al día, lamido, besado, venerado. Perfección.
Hablemos del pobre desgraciado del hombre. Sí, el violador es el desgraciado, un burdo intento humano de alguien que en realidad es un animal salvaje, que no sé controla, ve a la mujer y necesita metersela, empotrarla contra una pared y hacerla gemir, hacer que grite, que estalle su nombre en la boca de aquella puta.
Y para eso no se necesita público. No sé si me explico.

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