Tu. Yo. Miradas, sonrisas, me estremezco, me pellizcas. Poco a poco, pocas prisas, suavemente me tocas, te acaricio y tu piel se pone de gallina por donde mis dedos te han rozado. Te miro de reojo, tu, con los ojos entrecerrados, disfrutando el momento. Sabemos que esto no se para y no vamos a pararlo nosotros. Y de pronto unos besos, fugaces, y medias sonrisas entre beso y beso. Cada vez más intensos y nos empezamos a recorrer, manos y boca. Cuello, oreja, mandibula. Se oye alguna respiración entrecortada. Algún gemido leve, de placer suave, y empezamos a jugar. Y a girar uno sobre el otro. Uno manda y el otro se deja llevar. Suaves leones, como si eso fuera posible. Y te muerdo, sabes que no me puedo controlar. Y me castigas apresandome las manos y negandote a besarme, cuando sabes que no es que quiera que lo hagas, es que lo necesito. Y así poco a poco nos fundimos hasta caer exhaustos. ¿Y luego? Un cigarro a medias. Tu hablas, me nombras cariñosamente con "cielo", "amor", aunque los dos sabemos que no soy tu cielo, y tu amor mucho menos. Me zafo de tus besos y tus abrazos. No me gustan, prefiero estar a mi aire, fumando sentada sobre una camiseta y con hojas en el pelo, salvaje, como soy. Espero a que te calles de una vez y te digo que tengo que irme, que tengo que ir al trabajo o cualquier otra excusa. Te levantas para darme un beso pero soy más rapida, me giro y me despido con la mano. Y así, sencillo, seco, sexo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario